Psicoterapia para la ansiedad en San Isidro

"Yo estaba bien"

Te presento un caso típico: Una mujer de 34 años llega a mi consultorio. Ella es una profesional exitosa, se encuentra casada y tiene un hijo. Concurrió a terapia porque hace cuatro meses, manejando su auto hacia el supermercado, sintió de golpe algo que nunca le había sucedido: sintió que se moría. Entre sus síntomas aparecieron taquicardia (que es cuando el corazón late más rápido que lo normal), palpitaciones (que es cuando sentimos que el corazón late "fuerte"), falta de aire, mareos y una absoluta seguridad de que algo terrible estaba por pasarle. Por simple reflejo, frenó y se estacionó al costado de la calle. Llamó a su marido quien la fue a buscar para llevarla a la guardia de su servicio médico. Los médicos, luego de evaluarla cuidadosamente, le dijeron que físicamente estaba bien pero que había tenido un ataque de pánico.

Desde ese día no volvió a manejar sola.

Lo curioso es que la primera vez que llegó a mi consulta, lo primero que dijo, angustiada, fue: "No entiendo por qué me pasa esto. Yo estaba bien."

Esa frase, "yo estaba bien", es el punto exacto y medular donde comienza todo trabajo clínico serio sobre la ansiedad. Porque casi siempre, lo que el paciente llama "estar bien" era en realidad un equilibrio precario que se venía sosteniendo a fuerza de no mirar algo. Por eso te puedo decir que ese ataque de pánico no apareció de la nada. Apareció cuando su sistema psíquico no aguantó más el costo de no mirar.

Soy la Lic. Myrian Pereyra y atiendo consultas por ansiedad en mi consultorio de Belgrano 919, San Isidro, y también atiendo de forma virtual. Antes de hablar de turnos y de mis honorarios, quiero que comprendas adecuadamente algunas cosas que la mayoría de la información habitual sobre ansiedad explican mal o directamente no explican.

La ansiedad no es una sola cosa

Esta distinción entre los diversos tipos de ansiedad es más importante de lo que parece. Cuando alguien dice "tengo ansiedad", puede estarse refiriendo, al menos, a tres cuadros diferentes, con dinámicas distintas, que requieren abordajes psicoterapéuticos distintos.

Por un lado se encuentra la ansiedad generalizada. Se trata de ese estado de preocupación que nos hacer saltar de tema en tema, por ejemplo, el trabajo, la salud de tu vieja, la cuenta del banco, una conversación que tuviste hace tres días, y que no podés apagar aunque quieras. Esa preocupación se encuentra siempre prendida, como un motor que nunca descansa.

Por otro lado están los ataques de pánico, como el caso que te conté más anteriormente. Se trata de episodios breves pero intensos en los que el cuerpo parece que se descontrola completamente sin motivo aparente. Ya nos hemos referido a la aparición de palpitaciones, taquicardia, falta de aire, mareos junto a una desagradable sensación de que nos vamos a morir.

Y después sobreviene algo peor: el miedo permanente a que vuelva a pasar. Eso solo, que se llama "el miedo al miedo" ya empieza a limitar tu vida.

Y finalmente se encuentra la ansiedad social. Se trata de la aparición de un miedo desproporcionado a ser juzgados que nos hace declinar invitaciones, esquivar presentaciones, posponer llamadas, e ir construyendo de a poco una vida cada vez más limitada.

Es decir, hablamos de tres cuadros diferentes de ansiedad con tres dinámicas distintas. Cuando los mezclás y los confundís, como pasa en la mayoría de los videos de Instagram, Tik-Tok y notas de divulgación, terminás sin entender qué te pasa, y sin saber qué hacer.

Otro caso: la "persona ansiosa de toda la vida"

Un hombre de 47 años llega a mi consulta porque su cardióloga le dijo que tenía que hacer terapia. Le habían encontrado problemas de hipertensión, dificultades para conciliar el sueño y un nivel de cortisol que para la edad era llamativo.

Físicamente se trataba de un cuadro de estrés sostenido durante muchos años.

Lo que más me llamó la atención fue cómo describía su propia historia. "Yo siempre fui así, ansioso de nacimiento. En mi familia todos somos así. Mi vieja es así. Mi hermano es así." Lo decía con orgullo, casi. Como si la ansiedad fuera un rasgo de carácter, no un síntoma.

Cuando empezamos a trabajar, apareció algo a lo que él nunca se había referido: en su familia, descansar era visto como sinónimo de vagancia. Estar tranquilo era sospechoso. Si no estabas haciendo algo, algo estabas haciendo mal.

El padre se levantaba a las 5 de la mañana toda su vida y los miraba con desprecio cuando dormían hasta las 8.
Lo que él llamaba "ser ansioso" era en realidad un mandato familiar internalizado tan profundo que ya no lo veía como mandato. Lo veía como parte normal de su propia personalidad.

Cuadros como el mencionado suceden más de lo que parece. La ansiedad cronificada muchas veces no es un cuadro aislado. Es la forma que toma una historia familiar que opera por debajo del radar de la propia persona. Trabajar el síntoma sin trabajar esa historia es como tomar aspirina para aliviar el dolor de una fractura: no sirve para nada.

Algunas señales habituales que suelen pasarse por alto

No hace falta llegar a estar paralizados para que tenga sentido hacer una consulta. La idea de "voy cuando ya no doy más" es la peor estrategia posible. Es como esperar a que se te rompa el motor para llevar el auto al mecánico.

Prestá atención a la siguiente lista. No la saqué de un manual: resume lo que escucho semana tras semana en mi consultorio.

  • Te despertás cansada o cansado a pesar de haber dormido ocho horas, con la cabeza ya activa antes de abrir los ojos.
  • Tenés episodios de palpitaciones o sensación de irrealidad que aparecen sin causa clara.
  • Estás evitando situaciones , ya sean reuniones, viajes o llamados telefónicos, anticipando que vas a sentirte mal.
  • Tu mente vuelve una y otra vez a las mismas preocupaciones sin que puedas frenarla.
  • Te cuesta concentrarte en cosas que antes hacías sin esfuerzo.
  • Tenés tensión muscular crónica en la mandíbula, el cuello, los hombros.
  • Y lo que antes te resultaba liviano ahora te agota.

Ninguna de estas señales por sí sola define un trastorno. Pero si varias de ellas se sostienen en el tiempo, ahí hay algo que vale la pena mirar de cerca antes de que se vuelva más grande.

Por qué las técnicas de respiración no alcanzan

Esto que te voy a contar va a contramano de lo que vas a leer en muchos lados, así que prestá atención.

Te presento el caso de una paciente de 29 años que llegó a consulta después de tres años de probar todo lo que el mercado del bienestar ofrece:

  • Mindfulness.
  • Libros de autoayuda para la ansiedad.
  • Yoga.
  • Una app de respiración para la que pagaba mensualmente.
  • Un curso online sobre regulación emocional.
  • Un retiro de un fin de semana en las sierras.
  • Suplementos de magnesio.
  • Tisanas.

Probó de Todo.

Su frase exacta fue: "Tengo todas las herramientas del mundo y sigo sintiéndome mal."

Y tenía razón. Tenía técnicas, pero no tenía comprensión.

La respiración cuadrada, las apps de meditación, las técnicas de exposición progresiva: todo eso puede ayudar. Pero como acompañamiento. Como muleta para los momentos agudos. Si solo trabajás con técnicas, las recaídas van a ser la regla, no la excepción. Porque las técnicas te enseñan a tolerar el síntoma: no te van a decir de dónde viene.

Y la ansiedad casi siempre viene de algún lado.

En el caso de esta paciente, después de algunas sesiones apareció algo que ningún ejercicio de respiración iba a resolver: estaba en una relación de pareja que sabía hacía dos años que tenía que terminar. Lo sabía con todo el cuerpo. Pero no se animaba a decirlo, ni siquiera a sí misma. Su ansiedad no era un problema a eliminar sino que era una señal precisa de algo que estaba pidiendo ser visto.

Cuando empezó a poder mirar eso, los síntomas comenzaron a disminuir paulatinamente. No del todo, no de un día para el otro, pero de una manera tal que tres años de técnicas no habían logrado.

Te cuento cómo trabajo en consultorio

Mi formación combina una terapia centrada en la persona considerada en forma integral, conjuntamente con una escucha psicoanalítica (especialización del Colegio de Psicólogos de San Isidro) y pensamiento sistémico (postgrado en Alternativa Sistémica).

En la práctica, eso significa dos cosas.

Primero: vamos a entender qué hay debajo del síntoma, no solo cómo apagarlo. Una historia familiar que pesa más de lo que se reconoce. Un duelo que nunca se procesó. Una decisión postergada que está reclamando ser tomada. Un vínculo que aprieta. Un mandato que nunca cuestionaste. La ansiedad es muchas veces la forma que tiene lo que no querés ver de aparecer igual.

Segundo: vamos a mirar el contexto. Porque ningún cuadro de ansiedad existe en el vacío. El trabajo, la pareja, nuestra familia de origen, nuestros hijos, nuestro particular momento vital: todo eso o alimenta o atempera el cuadro. Pretender abordar la ansiedad de una mujer o de un hombre sin mirar la dinámica de su casa es como tratar el humo sin mirar el incendio.

Cómo seguimos si tienes interés en mi ayuda

La primera consulta es evaluativa. Me contás qué te pasa, desde cuándo te pasa y yo te devuelvo una lectura inicial. No hay compromiso de seguir. Es para ver si tiene sentido empezar y si te sentís cómoda o cómodo conmigo y con el encuadre.

Si decidís avanzar, las sesiones son semanales, presenciales en Belgrano 919 (con estacionamiento privado) o por videollamada con la misma profundidad clínica.

Aclaración MUY IMPORTANTE sobre los casos mencionados

Los casos particulares que aparecen en está página son descripciones genéricas. Esto implica que NO se corresponden con pacientes reales, sino que representan patrones típicos sobre la ansiedad que aparecen recurrentemente en mi consultorio. Esto implica, y lo dejo bien en claro que, la confidencialidad de quienes me consultan no se negocia.

Sobre la Lic. Myrian Pereyra

Lic. Myrian Pereyra

Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Tengo un postgrado en Clínica y Pensamiento Sistémico (Alternativa Sistémica) y una especialización en Psicoanálisis (Colegio de Psicólogos de San Isidro). Estoy matriculada bajo M.P. 98366 en el Colegio de Psicólogos de San Isidro - Distrito XV, donde podés verificar mi habilitación profesional. También tengo una diplomatura en teología y actualmente estoy cursando la Licenciatura en teología.

Atiendo en mi consultorio privado en San Isidro y de forma online para pacientes en cualquier punto del país.

Preguntas Frecuentes:

¿Cuándo conviene hacer terapia y cuándo alcanza con consultar a un médico clínico?

En principio, te diría que es una muy buena pregunta, porque en la mayoría de los cuadros de ansiedad conviene hacer las dos cosas, pero en un determinado orden.

En primer lugar, es importante descartar lo orgánico, ya que hay varios aspectos físicos que pueden producir síntomas muy parecidos a los de un cuadro de ansiedad, como una tiroides desregulada o la presencia de ciertos problemas cardíacos, anemia, algunos déficits nutricionales o algunos cuadros de desregulación hormonal.

Por eso es importante que antes de asumir que lo que te pasa es solamente psicológico, pases por tu médico de cabecera y te hagas un chequeo básico, que implicará seguramente un pedido de análisis de sangre, un control de los valores de tu tiroides y un electrocardiograma si tenés palpitaciones o taquicardia.

Por otro lado, si los estudios te dan bien y los síntomas siguen presentes, ese es justamente el momento de iniciar la psicoterapia, porque significa que tu cuerpo está respondiendo a algo que no es físico y ese algo, de origen seguramente psicológico, es lo que se trabaja en el consultorio psicoterapéutico.

Muchas veces mis pacientes llegan con una carpeta de estudios bajo el brazo y eso ayuda mucho en la evaluación inicial, pero es importante mencionar que no es un requisito para iniciar la psicoterapia, dado que si no te hiciste nada todavía y querés empezar, podemos arrancar igual y en paralelo te puedo derivar a un clínico de confianza, si es que no tenés ya un médico de cabecera propio en el cual puedas confiar.

¿Es necesario medicarse para tratar la ansiedad o se puede trabajar solo desde lo psicológico?

Eso depende. Te pido que tengas paciencia con esta respuesta, porque cualquiera que pueda responderte con un sí o un no rotundo te estará mintiendo o no sabe de lo que está hablando.

En la ansiedad hay cuadros leves a moderados, los cuales son muchísimos y son la mayoría, que responden muy bien al trabajo psicoterapéutico solo. Eso implica que empezás terapia, vas comenzando a entender qué es lo que te pasa, los síntomas comienzan a ceder y nunca hizo falta tomar ninguna pastilla ni consultar a ningún psiquiatra.

Sin embargo, es importante que sepas que hay cuadros de ansiedad más severos. Por ejemplo, los ataques de pánico recurrentes que te paralizan, una ansiedad generalizada que hace meses que no te deja dormir o una ansiedad que tiene una depresión asociada, donde la medicación, que siempre debe estar indicada por un psiquiatra, puede ser un apoyo muy importante mientras realizás concomitantemente tu trabajo terapéutico.

Y subrayo: la medicación no reemplaza la terapia, sino que la acompaña, porque te baja el ruido mental y psicológico lo suficiente como para que puedas pensar y trabajar en la resolución profunda de los problemas.

Debes saber que los psicólogos no medicamos, sino que esa es una competencia específica de los médicos psiquiatras, con los cuales usualmente trabajamos en coordinación cuando hace falta y siempre con la idea de que la medicación, cuando se use, sea de carácter transitorio y orientada a facilitar el proceso de superar la ansiedad y no a tapar el síntoma para siempre.

Si llegás con miedo a tener que tomar pastillas o quedar enganchado con pastillas, quedate tranquilo, que ese es un criterio que conversaremos y que de ninguna manera se te va a imponer.

¿Cuánto tiempo lleva ver resultados reales en un proceso por ansiedad?

Esa es una pregunta muy común cuando recibo las primeras consultas con respecto a cuadros de ansiedad. La verdad es que los primeros cambios, los más pequeños, suelen aparecer relativamente rápido. Una persona comienza a dormir un poco mejor, a reaccionar de forma menos automática, porque comienza a poder nombrar y definir lo que le pasa en lugar de solo sufrirlo.

Eso puede pasar en las primeras semanas, pero no porque hayamos resuelto algo todavía, sino porque tener un espacio donde poner las cosas y hablarlas ya comienza a hacer su trabajo dentro de tu psiquis. Sin embargo, los cambios más sustanciales, es decir, una reducción clara en la intensidad de los síntomas, recuperar la posibilidad de realizar actividades que habías dejado, sentir que volvés a ser propietario o dueño de tu propia cabeza, suelen verse luego de dos a tres meses, a veces antes, a veces un poco después, dado que cada persona es muy particular en eso.

Y después están los cambios más profundos, más definitivos, que son los que tienen que ver con entender de dónde viene todo el origen del problema de la ansiedad y modificar esas cosas que venías arrastrando desde hace años.

Eso lleva más tiempo y saber cuánto tiempo va a depender de cada caso en particular y de cuánto querés profundizar en ese tipo de problemas.

Lo que sí te aseguro es que no te voy a proponer procesos eternos sin sentido, sino que cada tanto vamos a evaluar en forma conjunta cómo vas avanzando y si tiene sentido seguir como veníamos o si conviene ir espaciando las sesiones.

Vos siempre vas a tener la última palabra sobre tu propio proceso psicoterapéutico.

¿Qué diferencia hay entre el psicoanálisis y otros enfoques como la terapia cognitivo-conductual para tratar la ansiedad?

Ese es un tema de gran debate y te lo voy a explicar sin entrar en una pelea entre las distintas escuelas psicoterapéuticas, porque hay muchas y las dos a las que nos vamos a referir, el psicoanálisis o la terapia cognitivo conductual, tienen cada una su propio valor y las dos te pueden ayudar según el caso y lo que estés buscando.

Por un lado, la terapia cognitivo conductual, la famosa TCC, trabaja muy enfocada en el presente, es decir, repara en qué pensamientos automáticos disparan tu ansiedad, qué conductas la mantienen, qué herramientas concretas puedes aprender para gestionarlas. Es una terapia de tipo muy estructurado y suele ser muy corta y útil para algunos cuadros puntuales, como por ejemplo, ciertas fobias específicas.

El psicoanálisis va por otro lado, no se queda solo en el qué hacer hoy, sino que se pregunta por qué te pasa esto a vos en este momento, de esta forma particular. Eso implica que el psicoanálisis analiza tu historia, los vínculos, lo que no se dijo o no pudiste decir en algún momento y lo que estás postergando.

Es un trabajo de comprensión más que de técnica. Lo particular de mi enfoque es que combina esa profundidad analítica con el pensamiento sistémico, que suma una capa más, la cual implica cómo tu familia, tu pareja, tu trabajo, tu momento vital actual, son capaces de alimentar o de atenuar lo que te está pasando.

¿Cuál te conviene de los dos?

La respuesta a eso es que depende de lo que busques. Si querés herramientas concretas para los próximos meses y listo, una TCC bien hecha puede servirte, pero en general no tiene buen pronóstico a largo plazo, porque no trata las causas profundas de lo que te llevaron a la situación actual.

Por otro lado, si ya probaste técnicas como la TCC o querés realmente profundizar en tu interior para buscar las causas profundas de lo que te está pasando, el psicoanálisis es una herramienta fundamental que te puede ayudar de una manera muy significativa y que va a tener resultados duraderos.